LO NECESARIO

Comunicación electoral en España: cinco claves

¿Se ha escuchado el grito de la renuncia a recibir propaganda electoral? (Foto: @Congreso_Es)
¿Se ha escuchado el grito de la renuncia a recibir propaganda electoral? (Foto: @Congreso_Es)
Ante la escasez de tiempo de precampaña y campaña hay que decir lo necesario, no lo superfluo. Lo que cala, no lo que evapora; lo que resolverá, no lo que confundirá. Lo que es relevante para el ciudadano, no para el candidato.
El pasado 7 de octubre finalizaba el plazo para solicitar en el INE no recibir propaganda electoral de las Elecciones Generales del 10 de noviembre. El rosario de bajas ha sido espectacular. Podría pensarse que es el chocolate del loro frente a los 36.893.976 de españoles llamados a las urnas.

Eso es aritmética, que da de sí lo que da. Lo que ha sorprendido a todos es el fuerte crecimiento de esta postura desde las últimas elecciones y el extenso e incisivo empuje de la postura en las redes sociales. Otro dato: en una sola semana las solicitudes fueron 369.000. La entraña de todo esto no es aritmética. Ni siquiera matemáticas. Es, si quieren, antropología. Y siempre, comunicación.

Es un grito humano. El ser humano es individuo y es sociedad. Los individuos gritamos con las cuerdas vocales. La sociedad (ciudadanos, electores, votantes), grita con movimientos asociados de agregación.

Otro aspecto a tener en cuenta  es que para que haya un grito de un individuo el sonido ha de salir íntegramente de él: no hay grito vicario. En las masas no es igual: sabemos que hay grito de hartazgo con que lo hagan unos pocos: 1,4%.

Interpretar bien los gritos sociales define la capacidad comunicativa de los líderes, al menos en la parte de escucha. De ahí sale el diagnóstico.

¿Están nuestros políticos haciendo buen oído del movimiento y sus causas? En buena medida sí. La reducción de la duración de la campaña de dos semanas a una sola es respuesta razonable. También lo es el acuerdo de todos los partidos (menos PNV) para reducir la propaganda electoral (carteles y banderolas): en las Elecciones Generales de 2016 este capítulo supuso 2.428.508 euros.

Ahora los protagonistas andan enfrascados ya en la precampaña; sus gabinetes, ya han elaborado mensajes y habrán concretado público objetivo, intensidad, ideas fuerza y eslóganes.

Pero el éxito de esa comunicación en el actual estado de la sensibilidad de las gentes es algo por armar trabajando en cinco claves:

Coherencia: es condición de credibilidad. Lo que se ha dicho y hecho hasta ayer no puede diferir y menos contradecirse con lo que se pronuncia hoy. Los hipos comunicativos proyectan imagen de mala digestión y de inmadurez o inseguridad. Penalizan, salvo muy razonada explicación. ¿Y qué votante seguirá hoy un raciocinio?

Necesidad: o sea, relevancia. Ante la escasez de tiempo de precampaña y campaña, frente a la abundancia de ruido y la generalizada apatía – ¡verdadero aburrimiento! – hay que decir lo necesario, no lo superfluo. Lo que cala, no lo que evapora; lo que resolverá, no lo que confundirá. Lo que es relevante para el ciudadano, no para el candidato.

Tono: indica la manera en que modulan sus palabras. No es el mismo cuando todo está tranquilo, que cuando las personas están hasta la coronilla de ir a votar. No es igual el tono al dirigirse al voto cautivo que al voto por cautivar. No es lo mismo ir a favor que ir contracorriente.

Posibilidad: o potestad. Las promesas electorales están para cumplirse. Lo escribo y no me río. Si se anuncia una medida cuya competencia no está en manos del candidato sino en la de la Unidad Europea ponerla en marcha, eso le pasará factura, bien en un debate, bien pasadas las elecciones. Pero en política no hay metedura de pata que no se pague.

Oportunidad Conveniente. O conveniencia oportuna. Todo lo que forma parte de la Comunicación del Plan de Campaña tiene que tener el tinte de la profesionalidad. La comunicación política es noble cuando es pragmática a la vez que orientada al bien común. Focalizada a las ideas fuerza, abomina de los histrionismos, los versos sueltos, los auto-ruidos. La valentía de los mensajes, la fuerza de su proyección no están reñidas con la prudencia.

Qué digo, a quién lo digo, cuándo lo digo, cómo aseguro la congruencia, cómo me preparo para las contingencias y las basuras. Son cuestiones que vibrarán con vida sana en un buen comunicador. Es su profesión y su sacrificio.

Y si no el grito de la noche del 10 de noviembre será un recuento ensordecedor. Al tiempo.

Idea fuente: ¿Se ha escuchado el grito de la renuncia a recibir propaganda electoral?

Música que escucho: Sacrifice, Elton John (1989)

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