UN ARTE

Comunicar con un regalo, no solamente en Navidad

Se oyen voces muy autorizadas contra la fiebre de los regalos navideños. Es seguro que hay motivos para la crítica ante los abusos. Pero posiblemente hay otros tantos para reconocer los aspectos positivos de regalar.

En  otra vida trabajé en una tienda de regalos. Fue durante unas cuantas Navidades y sólo en esas fechas. Joven estudiante, no me venían mal unas pesetas. De aquellos inviernos guardo dos recuerdos de gozo imborrable. El segundo es el aprendizaje del valor del regalo.

Se oyen ahora voces muy autorizadas contra la fiebre de los regalos navideños. Es seguro que hay motivos para la crítica razonable ante los abusos. Pero posiblemente hay otros tantos para reconocer los aspectos positivos de regalar.

La tienda aquella, una importante firma de decoración, era un negocio familiar. Lo atendía un matrimonio y una de sus hijas, con la ayuda de unas dependientas y el estorbo en aquellas fechas de un joven y desgarbado estudiante: yo mismo.

Una de las cosas que me llamaban la atención era la cantidad de objetos que llenaban los escaparates: era aquello el barroco – horror vacui – llevado al comercio. Y me explicaron, primera lección, que “lo que no se ve no se compra”. La prueba del nueve era claramente la demanda de los clientes: “¿Me enseña, por favor, ese juego de vasos del escaparate; sí, el que está junto al cubo de hielo?”.

La segunda lección, ahora lo veo claro, era una oferta variada por materia y precio. No era un comercio barato – distinción obliga -, pero el abanico de costo era suficiente para cubrir el espectro que va de una joven pareja a un regalo de empresa de una multinacional.

Y la tercera lección fue la presencia de los titulares en el establecimiento. Horas y horas. En esas fechas de la Navidad aquello era una paliza. Ya casi hora de cenar llegaban esos clientes de fuera de hora; cerrada la puerta, llamaban con los nudillos, se les abría y se les atendía. Pregunté por esa presencia tan tenaz y escuché: “el que tenga tienda que la atienda, y si no que no lo tenga”.

Un esfuerzo por el regalo.

El regalo comunica muchas cosas de quien lo hace y de la relación con quien lo recibe. Pensar en regalar es ya pensar fuera de uno mismo. Es dirigir la mente a esa persona. Cada regalo tiene su prehistoria en la mente que lo imagina. Pero su historia se abre paso en la búsqueda, a veces larga, hasta dar con lo deseado. Luego viene el gozo anticipado de pensar en la cara de la persona querida cuando lo abra. Termina con el abrazo de agradecimiento que confirma un acierto y una unión personal.

Tengo una amiga del alma, primera ella también en esto, que siempre hace de un regalo un rito. Es una profesional de acertar con el regalo. No sé la técnica, pero conozco el corazón.

Sus oídos agudos como los del cazador, captan cómo la otra persona, pieza querida, se delata al deslizar una frase sin aparente interés. Pero ella exprime de cariño el instante, y dentro de su mirada, imaginando, ya está el regalo. Luego no ceja hasta que tiene lo que buscaba. He visto sus ojos brillar de hermosa picardía cuando quien tiene el paquete desata los lazos.

Bueno, desata lazos de tela, pero otros, los del cariño, se han anudado apretados de gratitud en su corazón. Imborrable primer gozo.

Idea fuente: un regalo habla de nosotros

Música que escucho: ImaginandoDiana Navarro (2007)

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