LA META SE ALCANZA AHORA

Cosas para las que no es imprescindible esperar a la Noche Vieja

Cada cosa a su tiempo... (Foto: Pixabay)
Cada cosa a su tiempo... (Foto: Pixabay)
Hay propósitos de mejora personal que no necesitan la varita mágica, la frontera milagrosa de la Noche Vieja. Con uvas y sin ellas hay cosas que se pueden depositar a los pies del Pesebre o bajo el tronco del Árbol.

Entiendo que los propósitos ligados a la salud como dejar de fumar, dejar de beber, adelgazar 10 Kgs., visitar gimnasios con más asiduidad, correr con bicicleta al amanecer de cada día, aprender a torear y cosas parecidas se pospongan hasta el 1 de enero.  Y si me apuran hasta la ingesta del último trozo – qué rico – de roscón de Reyes. O sea, eso de Año Nuevo, vida nueva. No es cosa de dejar de fumar en la cena  de Nochebuena justo cuando el cuñado ha colaborado a la celebración con una caja de Cohibas.

Vale, de acuerdo. Eso parece bastante comprensible: no es cuestión de vincular el recuerdo de la Navidad de 2019 con algún perturbador síndrome de abstinencia. Adeste Fideles y comerse la uñas por una ataque no casan bien. Cada cosa a su tiempo, podríamos decir.

Sin embargo, hay propósitos de mejora personal que no necesitan la varita mágica, la frontera milagrosa de la Noche Vieja. Con uvas y sin ellas hay pequeñas cosas que se pueden depositar a los pies del Pesebre o bajo el tronco del Árbol.

Pongo un ejemplo: para empezar a leer Diario de Magallanes de José Manuel Núñez de la Fuente sólo hace falta comprar el libro y abrirlo. El libro no va a protestar porque empiece su lectura ya, ni  usted sufrirá ataques de ansiedad.

Y así con toda acción de superación en el terreno intelectual, mental y espiritual.

La lista de estos propósitos sí que es, como la de los materiales, muy personal. Pero lo que es seguro es que empezar desde este momento a ser mejor persona en una pequeña cosa de estas dimensiones más transcendentes es una gozada disfrutable desde esta Nochebuena.

No se trata sólo de sentimientos, aunque es estupendo que nos acompañen. Es más una mirada más inteligente a la propia dignidad, a las carencias propias y a lo que puede hacer este mundo más vivible. Sostenible me parece muy poco, rácano, alicorto: como salir a empatar.

Nuestro mundo, que empieza en nuestra alma no en una central eléctrica, merece ser humano. Quizás Humanista. Quizás, si no lo estamos haciendo ya, se puede empezar sonriendo.

En aquel frío día del invierno bilbaíno, nos acercamos al hombre de las patatas fritas que se establecía cerca de la fuente de la plaza de Moyúa. No eran patatas de sobre. Eran las autenticas, hechas en su casa, y le compramos por ná y menos un cucurucho. Te lo daba colmado hasta el punto que era sorprendente que no se cayera ni una.

De aquel día se me han quedado en la memoria dos cosas el sabor salado e intenso y la sonrisa de toda la cara del hombre que derramaba amabilidad y alegría.

Como hacía sol, nos fuimos los dos caminando por la Gran Vía viendo escaparates con una interna sensación de bienestar. Cruzamos las miradas para celebrar ella y yo aquella misma sonrisa cálida.

Al principio, como la gimnasia, sólo es empezar. Luego, como la bici, es “sólo” continuar. Y volver a empezar, si preciso fuera. Pero la meta se alcanza  ahora.

Idea fuente: Cosas para las que no es imprescindible esperar a la Noche Vieja

Música que escucho: Tonight I Celebrate My LovePeabo Bryson, Roberta Flack (1983)

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