LA APUESTA DE CHILE

Disobedience, la canción de amor y la lucha de Sebastián Lelio

Sebastián Lelio adapta la novela de Naomi Alderman en Disobedience. (Foto: Braven Films)
Sebastián Lelio adapta la novela de Naomi Alderman en Disobedience. (Foto: Braven Films)
Como ocurría en Una mujer fantástica, las mujeres de Disobedience, Rachel Weisz y Rachel McAdams, se encuentran presas dentro de una sociedad que las oprime o que intentan mantenerlas sometidas.


Sebastián Lelio se ha convertido en uno de los autores más personales del cine chileno de los cinco últimos años gracias a las premiadas Gloria y Una mujer fantástica. Esta última, que consiguió el Oscar al mejor filme de habla no inglesa, se centra en un dramático periplo de una mujer transexual que pierde cualquier derecho sobre la memoria de su pareja.

En el momento que relataba la trama de Una mujer fantástica, Lelio se encontraba dirigiendo en Londres un drama que no gira tanto en torno al lesbianismo como a la búsqueda de la identidad en una sociedad constreñida y cerrada.

En Disobedience, vuelve a incidir en buena parte de esos temas que han vertebrado su filmografía haciendo totalmente suyo un encargo que nace del empeño personal de la actriz Rachel Weisz en adaptar la novela de Naomi Alderman del mismo título (publicada en 2006), que narra en primera persona el regreso de una fotógrafa afincada en Nueva York al entorno judío ortodoxo londinense en el que nació después de la muerte de su padre, el rabino de esa comunidad.

Weisz se convierte así en Ronit, una mujer que se debate entre el amor hacia su progenitor y el dolor que siente después de haber sido repudiada durante su juventud por un comportamiento considerado impropio, y que tendrá que hacer frente a la presión y la incertidumbre que le provoca volver a rememorar los fantasmas del pasado.

El choque entre la vida moderna neoyorkina y el espacio claustrofóbico, ultraconservador y hostil en el que se adentra la cámara de Lelio resulta brutal. Ronit será ese elemento que no encaje, la oveja negra que regresa para desestabilizar el orden establecido dentro de una atmósfera viciada de miradas acusatorias y rigidez moral en la que la religión y sus normas pesan como un muerto. 

En Disobedience resulta igual de importante lo que se dice que lo que se calla e intuye. Sebastián Lelio construye un drama romántico de emociones contenidas casi como si se tratara de un thriller por la carga de angustia y tensión que se percibe en cada plano. 

Como ocurría en Una mujer fantástica, las mujeres de Disobedience se encuentran presas dentro de una sociedad que las oprime, que prefiere expulsarlas o mantenerlas sometidas.

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