MAYOR DE LOS HORRORES

"La cueva" de Alfredo Montero y el aire claustrofóbico realmente perturbador de Marcos Ortiz

El segundo largometraje de Montero promete aterrar en todos los aspectos y, aunque esté hecha como una película del tipo cámara en mano, aporta elementos muy interesantes.
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En el ámbito nacional la cartelera solo espera una única cinta. Bajo el título La cueva, Alfredo Montero hará todo lo posible por conseguir el apoyo del público con su segundo larometraje, en una cinta protagonizada por Marcos Ortiz, Marta Castellote, Eva García-Vacas, Jorge Páez y Xoel Fernández.

En ella Tres chicos y dos chicas viajan en plan mochilero desde la ciudad a la isla paradisíaca de Formentera. Allí alquilan motos, recorren los sitios más bonitos y recónditos, acampan en el bosque, en la costa de un acantilado, se emborrachan y se bañan en el mar. Al día siguiente entran en una cueva profunda y laberíntica para explorarla y se pierden en ella.

Si quieren sobrevivir dentro de la cueva deberán sufrir la experiencia más extrema e inhumana a la que se pueda enfrentar una persona. No tienen agua, no tienen alimento, no tienen ninguna oportunidad. El espectador asiste de forma paulatina y muy inteligentemente explicada, a la degradación del género humano cuando se le pone en situaciones límite.

Dirigida por Alfredo Montero, la cinta quiere provocar miedo a través del empleo del ya, por desgracia, muy manido punto de vista subjetivo. Sin embargo, aunque se alza como un thriller, La cueva no da miedo, solo logra generar un clima agobiante y descorazonador, salpicado de momentos de angustia, claustrofobia y tensión.

Es una de las grandes sorpresas de este año que sabe ofrecer un interesante broche de oro con un final apoteósico que dejará un mal cuerpo en los espectadores. Pero sin duda, hay que comentar especialmente que para su pre-producción, el director calculó unos 1.200 metros de pasillos transitables dentro de la cueva, usando hilo para no perderse dentro de ese laberinto rocoso.

En este sentido, tuvo que estudiar cada galería, cada pozo y cada roca centímetro a centímetro, anotando in situ, y ayudado por una linterna de espeleólogo, las particularidades de la misma. Sin duda, una magnífica película de Alfredo Montero que surgió tras visualizar The Blair Witch Project y The Descent.  

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