¿SALIR A LA CALLE?

Prefería el confinamiento. No todos quieren volver a la normalidad

Olegario se había convertido en fan del encierro. (Foto: Pixabay)
Olegario se había convertido en fan del encierro. (Foto: Pixabay)
Se hablará del "síndrome de postconfinamiento". Hay muchos Olegarios a los que les hace hervir la sangre pensar en volver a ver al necio de su jefe y que sueñan con hacerse del sindicato de Amigos del Confinamiento.

Ya se puso de mal humor con sólo ver las noticias en su iPad. Olegario Fuentes, desde que comenzó la cuarentena, siempre leía los titulares mientras desayunaba. Aquel día no podían ser más nefasto para su gusto. En resumen, venían a decir, el confinamiento por el estado de Alarma iba a terminar en unos días.

Sí, parecía que iban a hacerlo de forma escalonada. Pero de forma escalonada o de una vez, lo cierto es que en unos quince días él tendría que salir a la calle. Y eso, a él, aún siendo de talante pacífico, le hacía hervir la sangre.

No mejoró su humor mientras escuchaba en la ducha la tertulia matutina de una emisora de radio.

.- Así, queridos oyentes, que poco a poco iremos viéndonos por la calle – decía el locutor, mientras los contertulios celebraban la noticia.

Una amarga desazón, un miedo se le hizo casi fuego en sus neuronas. Olegario se había convertido en fan del encierro. Él, a lo mejor no sabría explicarlo, pero si se constituyese un sindicato de Amigos del Confinamiento, sólo por el fervor, sería candidato a secretario general.

Olegario era un alto empleado de banca. Estaba especializado en informes para hipotecas. El día de la declaración del estado de alarma, lo recordaba muy bien, era domingo. Su jefe le llamó para proponerle que trabajara desde su casa durante el confinamiento. También le preguntó si necesitaba algo. No, no necesitaba nada; el lunes se pasaría por la oficina para recoger algún material y nada más.

Y así, con su teletrabajo, ha estado todos estas jornadas. Cada día más a gusto. Después del desayuno y la ducha se viste de manera informal y se encierra en su despacho. Enciende el ordenador. Mira la página web del BOE para ver los cambios legislativos. Hace su valoración que incluye en sus muy ordenados archivos electrónicos.

A las diez de la mañana asiste a una teleconferencia vestido con camisa y chaqueta. Luego sigue su trabajo hasta cerca de la una de la tarde en que se sienta a leer el periódico que le trae Elvira su mujer. Siempre a mano el Smartphone por si llega una correo o entra una llamada.

Por la tarde Olegario se duerme una siesta y ve alguna serie. Una vida plácida. Un vida para él solo. No tiene muchos amigos y no está incluido más que en un grupo de whatsapp en el que es un sujeto pasivo.

El confinamiento era su elemento natural. Sólo echaba en falta su cafelito de la mañana. Pero Elvira le traía a eso de las once un café casero. No era lo mismo, pero se conformaba. Tampoco hacía otro deporte que caminar. Ahora ni eso.

Había descubierto Olegario un mundo perfecto de aislamiento. No tenia que ver al necio de su jefe ni a los graciosos de sus compañeros. No tenía que dar muchas explicaciones y los días siempre iguales le parecían el colmo de la buena vida.

Los aplausos de las ocho él se los dedicaba a sí mismo y a su buena estrella.

Me lo ha contado él mismo hace un rato, manifestando su indignación y su disgusto por el “precoz” final. Le he escuchado, pero no le he aplaudido. Y a esta hora vivo con un pesar pensando en los Olegarios a los que se les acababa esa mala estrella insolidaria. Ya verán: oiremos hablar del “síndrome de postconfinamiento”.

Idea fuente: no todos quieren la normalidad conocida

Música que escucho: I won’t give upJulia Sheer (2012)

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