MIRADA Y COMUNICACIÓN

No sólo palabras, emoticonos o stickers; dejemos hablar a los ojos

Los emoticones no siempre son suficientes para expresar lo que sentimos. (Imagen: Pixabay)
Los emoticones no siempre son suficientes para expresar lo que sentimos. (Imagen: Pixabay)
Sin mirar a los ojos la comunicación queda muy reducida. Una de las fallas de las interconexiones es la ausencia de miradas. Instagram, Twitter, Facebook y Whatsapp pueden digitalizar rostros pero ¿no echas en falta algo?
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Sin mirar a los ojos las comunicación queda bastante reducida. Una de las fallas de las interconexiones es la ausencia de miradas. Instagram, Twitter, Facecbook y Whastapp pueden digitalizar rostros. Pueden resumir expresiones. Incluso incluir emoticonos o stickers que simulan estados de ánimo.

Pero dime, ¿no echas en falta lo que los ojos dicen? No es nuevo.

Mi amigo Alejo llegó hoy a la cafetería Sur & Tapas donde estaba tomando mi café con tostada de aceite y jamón, y donde leo, bolígrafo en mano, mis periódicos. Luego cae otro café mientras repaso pensamientos y recuerdos.

Bueno, pues en esas estaba cuando Alejo se ha sentado frente a mí: “hola” creo que ha dicho. He correspondido su saludo. Ha pedido también café y se ha quedado pensativo. Estoy acostumbrado a sus silencios. Incluso me gustan. Es un amigo. Un amigo callado es un amigo elocuente. Claro, que es más significativo cuando desvela su interior.

Cuando el camarero le ha puesto  el café, él ha depositado delante de mí un sobre de amarilleada veteranía: en el anverso una letra muy joven había escrito en tinta azul 4YEO; en el reverso, donde el remite, C.W.

Alejo habla en claves no siempre accesibles. En los párrafos siguientes resumo – y asumo – las reflexiones acerca de las miradas que él me transmitió después de beberse el café.

Ya hablamos días atrás de cómo el que odia necesita ver los ojos de la persona odiada para clavar en ellos la plenitud de su aversión. La excepción es la venganza. Pero incluso en este caso el cerebro se ocupa de imaginar anticipadamente la mirada asustada del otro cuando reciba el castigo.

Pasa con los mensajes: la mente tiene presente  a la otra persona  y su reacción, pero, y sus ojos, ¿qué me transmiten?

Dice Alejo, y pienso que tiene razón, que pasaba lo mismo antes con las cartas: no veías los pardos ojos del destinatario.

Sin embargo los dos coincidimos en que las conversaciones telefónicas eran una ayuda para aproximarse a la mirada del interlocutor. Ese efecto de imaginar los ojos lo producía el tono de la voz: tranquilo, irritado, alegre, melancólico, enamorado. Los tonos pintan los ojos. Son una acuarela donde apenas se adivinan los contornos y la intensidad de lo que esos iris debían estar emitiendo.

En otra vida anterior yo recibía gente. Bastante gente. Y recuerdo la especial incomodidad que me producía un sindicalista que jamás me miraba a la cara. Y eso en varios años y muchas negociaciones. Era la coronilla la parte más visible de su cabeza. Siempre preferí a otros de sus camaradas que, mirándome a la cara, me soltaban cosas quizás menos simpáticas. Pero con ellos pude entenderme porque nuestros ojos, los de ellos y los míos, no engañaban.

Pero donde la mirada lo abriga todo es en la amistad y en el amor. Comerse con los ojos es una expresión epítome del deseo de los enamorados. No se hablan con palabras, porque ¿quién necesita verbos cuando el fuego devora los ojos calentando el corazón?

Se lo dicen todo sin haber exhalado un sólo sonido. Con la manos cogidas, el corazón a ritmo de Let’s twist again y la piel ardiendo, la mirada incendia la mirada. El mundo es otro siendo el mismo porque se ha hecho misteriosamente infinito y habitable entre aquellas pestañas que moldean paraísos de felicidad.

“Sabe, si alguna vez tus labios rojos/quema invisible atmósfera abrasada/que el alma que hablar puede con los ojos,/también puede besar con la mirada”, escribió en su Poema XX Gustavo Adolfo Bécquer; resumía en cuatro versos años de miradas compartidas.

Quizás, mejor que hacer testamento vital alguno querrá listar en un folio lo que le dicen todavía las miradas con las que convive, las que se fueron de este mundo, las que son un recuerdo de ternura que le dan vida cuando la vida acelera la cuenta atrás.

Ese tiempo más veloz podría mejorar esa mirada para dejar calor a los de cerca y hacer resplandecer las horas de los ojos recordados.

.- Bueno, Alejo, ¿y este sobre?

.- Me lo dio antes de llegar a la parada del autobús – respondió -. El remite seguro que lo reconoces – yo asentí – y la dirección expresa en acrónimo que era un secreto para que lo leyera cuando estuviese a solas.

.- ¿4YEO?

.- For Your Eyes Only. Sólo para tus ojos – sonrió – ¿no es hermosa la manera británica de indicar la reserva personal?

.- Y, ¿qué decía el mensaje del interior? – pregunté.

.- Jajajajaja, amigo – rió-: eso es materia reservada.

Idea fuente: dónde van, dónde se guardan las miradas

Música que escucho: “For Your Eyes Only”, Sheena Easton, (1981). La canción fue la principal de la película del mismo nombre de la saga 007 estrenada ese año, protagonizada por Roger Moore (James Bond). 12º película de la serie James Bond de las lanzadas por EON Productions.

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