ESTADO DE ALARMA

Todo nos pilló de repente, esa es una de las claves

Y todos corremos a lavarnos las manos. (Foto: Pixabay)
Y todos corremos a lavarnos las manos. (Foto: Pixabay)
La novela, las fotos o el jardín no serán objeto de nuestra atención porque el aislamiento ha caído como nevada en agosto: inesperado, abrupto, colectivo y embarazado de noticias que se paren, así mismo, minuto a minuto.

En los próximos días se revelará sustancial. No sólo nos han puesto en cuarentena. Es que todo ocurrió de repente. Nuestro mundo de seguridad reclama un mínimo de preparación.

A lo largo de las semanas solemos dejar cosas para cuando tengamos tiempo. Hay gente que piensa que el día que tenga tiempo escribirá una novela, ordenará los vídeos, las fotos o se ocupará del jardín.

Pero el Real Decreto no avisó. Y nos quedamos, de una parte con cosas a medio hacer que no podemos continuar, y, de otra, con cosas en el mundo de “lo-que-haré-cuando-tenga-tiempo” que ahora que lo tenemos no estamos preparados para hacer. También en algunos casos porque al ser un encierro en casa puede haber demasiadas personas o no tener en material.

El caso es que la novela, los vídeos, las fotos o el jardín no serán objeto de nuestra atención porque todo este aislamiento ha caído como nevada en agosto: inesperado, abrupto, irreversible, colectivo y embarazado diariamente de noticias que se paren, así mismo, cada día.

Supongo que nos hace falta llenarnos de paz y de ciencia: de paciencia y de sentido común, al que el filósofo japonés del siglo XII Yoritomo Tashi se refería diciendo que “es el elemento principal del discernimiento. Sin el discernimiento es imposible juzgar la proporción y alcance de las cosas”.

Nos han vapuleado y así nuestro raciocinio no encuentra qué hacer ahora con el tiempo. Quiero decir, “hacer de valioso”, de justificativo del recurso enorme de tiempo que tenemos por delante. Salir de este estado de shock no es fácil. Una amiga lectora lleva ya 24 horas sin leer whatsapps; para otros la más ambiciosa meta, fuera de la sobrevivir, es salir al balcón a aplaudir a las 8 de la tarde.

Es entendible. Pero pasados los primeros días tendremos que continuar la vida y si teníamos unos planes para cuando tuviéramos tiempo, algo se podrá hacer. Lo primero empezar. Eso es lo urgente. No es lo perfecto, seguirás teniendo gente alrededor o seguirá faltando el material, pero ya hay que salir de uno.

Sobretodo porque hacer nos rehace y es útil a los demás. Sí, ha venido el tiempo de hacer y lo ha hecho sin avisar y puede parecernos algo definitivo, pero el propio Tashi nos recuerda una verdad: “nada está definitivamente terminado entre los hombres, todas las cosas se detienen sólo para comenzar de nuevo”.

Comenzar de nuevo no es vivirlo como antes. Eso si no imposible, es raro que suceda. Pero los días que tenemos por delante, los que sean, son momentos únicos para querernos y para quererlos como vienen. Podemos incluso llegar a pensar que si no estamos enfermos y no lo están ninguno de los nuestros, esta es una oportunidad para tenernos a nosotros mismos de un modo lleno de novedad.

Puede haber recuerdos llenos de ternura que nos provocan añoranza. Mas empieza en nosotros una primavera con otro cariño por las cosas y las personas.

Me pido a mí tener unos ojos nuevos para comprender y acompañar; para compartir y recordar un escaparate, pero también para saber mirar con los ojos lo que de repente es de otro azul, de otro sabor, de otra textura. De repente vivo.

Idea fuente: el encierro no ha venido, nos ha caído

Música que escucho: Alguien cantóMatt Monro (1969)

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